Atrévete a no ser uno más del montón, atrévete a que seas llamado amigo de Jesús, atrévete a ser diferente, pero sobre todo atrévete a cumplir con la voluntad de Dios.
Recuerda que los sueños de Dios superan por mucho los sueños de los hombres. No sigas un proyecto de vida facilista, organizado en el mundo de la inmediatez y en la búsqueda del placer por el placer, en la etiqueta de la zona de ‘confort’ y en el síndrome individualista que no ves más allá del egoísmo.

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Mesoamérica, el Nuevo Mundo, 1521: la capital del Imperio Azteca cae ante las fuerzas del español Cortéz. Menos de 20 años mas tarde 9 millones de los habitantes, que profesaron por siglos una religión politeísta que incluía sacrificios humanos, habían adoptado en masa el Cristianismo. Qué ocurrió en esos tiempos que produjo conversión tan increíble e historicamente sin precedentes?

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El último tercio del siglo IV marca el período de mayor influencia de España en Roma. Tres nombres gloriosos llenan ese espacio de tiempo, cada uno en su campo propio y los tres ligados de alguna manera entre sí. Dámaso honra el Pontificado; Teodosio, el Imperio, y Prudencio, la poesía cristiana. España, que tanto había recibido de Roma, que aprendió a amar en latín a Jesucristo, pagó con creces la deuda contraída. Aun prescindiendo de otros nombres ilustres, con los tres mencionados bastaba para probarlo.

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De niños nos enseñaban este gesto, pero ¿sabemos qué quiere decir?

En las normas recogidas en la introducción del Misal Romano, cuando se explica el comportamiento que hay que tener en el momento de la proclamación del Evangelio, se establece que el diácono o el sacerdote que anuncia la Palabra, tras haber realizado el signo de la cruz sobre la página del Leccionario, debe signarse en la frente, en los labios y en el corazón. El triple signo de la cruz debe realizarlo también por la Asamblea. Todo esto no debe ser considerado un mero gesto ritual, sino una fuerte llamada que la Iglesia quiere hacer para subrayan la gran importancia que debe darse al Evangelio.

La Palabra de Dios, que es siempre la luz que debe iluminar el camino de los creyentes, debe ser acogida en la mente, anunciada con la voz, conservada en el corazón. Todo esto debe recordarnos que debemos empeñarnos en comprender la Palabra de Dios con atención e iluminada inteligencia.

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Memoria de san Francisco Javier, presbítero de la Compañía de Jesús, evangelizador de la India, el cual, nacido en Navarra, fue uno de los primeros compañeros de san Ignacio que, movido por el ardor de dilatar el Evangelio, anunció diligentemente a Cristo a innumerables pueblos en la India, en las Molucas y otras islas, y después en el Japón, convirtiendo a muchos a la fe. Murió en la isla de San Xon, en China, consumido por la enfermedad y los trabajos.Martirologio romano

Vida de San Francisco Javier

Tierras del lejano Oriente conocieron la figura de Cristo y millares de sus gentes le siguieron gracias al sobrehumano esfuerzo apostólico de Javier, apoyado por la corona portuguesa y animado con el aliento del papado.

Las dificultades de las comunicaciones fueron la causa de que la noticia de su muerte llegara a Roma con tres años de retraso. Cuando acariciaba el sueño de entrar en China, en la isla de Sancián, dentro de una cabaña de ramas y arcilla, enfermo de pulmonía, moría Javier con sólo cuarenta y seis años.

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Lectura del santo evangelio según san Mateo (4,18-22):

En aquel tiempo, pasando Jesús junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo: «Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres.»
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

Palabra del Señor

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Sabina nació en el siglo II en una familia noble que, cuando aún era muy joven, la casó con el senador Valentino. Convertida al cristianismo, frecuentó las catacumbas, donde se encontraba con los otros cristianos, ya víctimas de la persecución. Iba con su niñera Serapia, que ella misma había convertido, luego de enviudar se entregó al servicio de los pobres, enfermos y prisioneros

Fue capturada y al no querer abjurar de su fe, fue condenada a ser decapitada, junto a Serapia.

Durante el pontificado del papa San Celestino I (422-432) se mandó construir en el Aventino, en Roma, la Basílica de Santa Sabina. El culto de esta santa se propagó a lo largo de la Edad Media.