Santa Sabina, Mártir

Sabina nació en el siglo II en una familia noble que, cuando aún era muy joven, la casó con el senador Valentino. Convertida al cristianismo, frecuentó las catacumbas, donde se encontraba con los otros cristianos, ya víctimas de la persecución. Iba con su niñera Serapia, que ella misma había convertido, luego de enviudar se entregó al servicio de los pobres, enfermos y prisioneros

Fue capturada y al no querer abjurar de su fe, fue condenada a ser decapitada, junto a Serapia.

Durante el pontificado del papa San Celestino I (422-432) se mandó construir en el Aventino, en Roma, la Basílica de Santa Sabina. El culto de esta santa se propagó a lo largo de la Edad Media.

San Agustín de Hipona, padre de la iglesia

Nació el 13 de noviembre de 354 en Tagaste, pequeña ciudad de Numidia al norte de África. Hijo de Patricio, un pagano que después llegó a ser catecúmeno y de Mónica, fervorosa cristiana. Aunque no fue bautizado de niño, Mónica le enseñó los rudimentos de la religión cristiana y, al ver cómo el hijo se separaba de ellos a medida que crecía, se entregó a la oración constante, dolorida y confiada. Años más tarde Agustín se llamará a sí mismo el “hijo de las lágrimas de su madre”. Católica ferviente, dedicó toda su vida a la conversión de su hijo al cristianismo. Estudio gramática y retórica que ejerció en Cartago. Luego se transfirió a Milán, ciudad en la que se convirtió a la fe católica escuchando predicar a san Ambrosio de quien recibió el bautismo. Posteriormente, se estableció en Hipona. Allí fue ordenado presbítero y obispo cuatro años más tarde. Al frente de esa sede episcopal se mostró como un Pastor ejemplar por su doctrina, atención a los pobres, dedicación al clero y organización de monasterios.

Agustín murió a los 72 años de edad, en Hipona el 28 de agosto de 430 durante el sitio al que los vándalos de Genserico sometieron la ciudad durante la invasión de la provincia romana de África.

Santa Mónica

Nació en Tagaste (África) el año 331, sus padres eran cristianos y de una familia de vieja tradición cristiana. Su educación se le encargó a su criada, también cristiana. Muy joven, fue dada en matrimonio a un hombre llamado Patricio, del que tuvo varios hijos, entre ellos San Agustín, cuya conversión le costó muchas lágrimas y oraciones. Fue un modelo de madres; alimentó su fe con la oración y la embelleció con sus virtudes.

Mónica iba a la iglesia cada día y soportó con paciencia el adulterio y las cóleras de su marido. Se ganó el afecto de su suegra en poco tiempo e incluso convirtió a Patricio al cristianismo y calmó su violencia. Patricio murió poco después de su conversión y Mónica decidió no volver a casarse.

Santa Mónica es puesta por la Iglesia como ejemplo de mujer cristiana, de piedad y bondad probadas, madre abnegada y preocupada siempre por el bienestar de su familia, aun bajo las circunstancias más adversas.

A lo largo de los siglos, miles han encomendado a Santa Mónica a sus familiares más queridos y han conseguido conversiones admirables.

Murió en Ostia a los 55 años de edad el año 387.

Se cree que las reliquias de la santa se conservan en la iglesia de S. Agostino.

San Bartolomé, apóstol y mártir

Era nativo de Caná de Galilea, próximo a Nazaret. Su nombre es evidentemente un patronímico, pues hace referencia explícita al nombre del padre. Se trata de un nombre de características probablemente arameas, “bar-Tôlmay”, que significa “hijo de Talmay”, “hijo del portador de agua”. Tradicionalmente es identificado con Natanael: un nombre que significa “Dios ha dado”.

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María Reina del Universo

La fiesta de hoy fue instituida por el Papa Pío XII, en 1955 para venerar a María como Reina igual que se hace con su Hijo, Cristo Rey, al final del año litúrgico. A Ella le corresponde no sólo por naturaleza sino por mérito el título de Reina Madre.

“La Virgen Inmaculada … asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial fue ensalzada por el Señor como Reina universal, con el fin de que se asemejase de forma más plena a su Hijo, Señor de señores y vencedor del pecado y de la muerte”.

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San Pio X

Su nombre secular fue Giuseppe Melchiorre Sarto. Nació en Riese, Treviso, en 1835, de familia campesina. Desde pequeño se mostró muy deseoso para los estudios, siendo esa inquietud la que le llevaría a aprovechar muy bien la enseñanza del catecismo, desde que ayudaba al párroco como monaguillo, les decía a sus padres una frase que reiteraría con frecuencia: “quiero ser sacerdote”. Con el tiempo este deseo que sintió desde niño no haría más que afianzarse y madurar en un ardiente anhelo de responder al llamado del Señor.

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Santa Beatriz de Silva, Virgen

Nació en Campo Mayor, Portugal, en el 1426, hija de una familia noble. En Tordesilla, recibió el mensaje de la Virgen de fundar una nueva orden en honor de la Inmaculada. Abandona la corte y marcha a Toledo en 1453. Allí lleva una vida retirada en Santo Domingo el Real, mientras llega la hora de poner por obra el mensaje de la Virgen. Ofreció a Dios su virginidad llevando una vida ejemplar y santa.

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San Roque

San Roque nació en Montpellier, en 1378 al sur de Francia, hijo de una familia sumamente rica. Quedó huérfano de ambos padres A la edad de 20 años. Vendió todas sus posesiones, repartió el dinero entre los pobres y se fue como peregrino hacia Roma a visitar santuarios. En ese tiempo estalló la peste del tifo en Italia y la gente se moría por montones. San Roque se dedicó entonces a atender a los más abandonados y consiguió curar a muchos más tan sólo con hacer sobre ellos la señal de la cruz. A muchísimos ayudó a bien morir, y él mismo les hacía la sepultura, porque nadie se atrevía a acercárseles por temor al contagio. Con todos practicaba la más exquisita caridad. Así llegó hasta Roma, y en esa ciudad se dedicó a atender a los más peligrosos de los apestados. La gente decía al verlo: “Ahí va el santo”.

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Solemnidad de la Asunción de la Virgen María

Hoy celebramos, la fiesta de la Asunción que significa que la Virgen María, al término de su peregrinación terrena y en virtud de su contribución a la historia de la salvación como Madre del Redentor, fue liberada por la gracia de Dios de la corrupción del sepulcro y su elevada en cuerpo y alma a los cielos, donde está y actúa como mediadora entre Dios y los hombres. La cual es el triunfo definitivo de María y es la prenda de la vocación de eternidad de todos los seguidores de Jesucristo.

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