La visión del hombre actual sobre el matrimonio

El matrimonio es el plan de Dios que tiene para con el hombre, pero sería bueno preguntarnos: ¿El hombre actual quiere ese plan que Dios tiene preparado? Esto termina siendo muy relativo, pero debemos estar seguros que con el transcurrir de los años la visión del hombre sobre el matrimonio ha venido cambiando drásticamente, hasta el punto de opacar la imagen que Dios quiso cuando pensó en la familia, esto radica en múltiples factores que estaremos mencionando a continuación y algunos errores en los que se ha caído la “visión” sobre el matrimonio.

En primer lugar, es la falta de conocimiento sobre lo que verdaderamente es el matrimonio; no hay una adecuada formación sobre lo que es y no es, esa falta de conocimiento nace primero en nuestras familias, donde los padres no cumplen su labor de educar a sus hijos y los dejan en mano de terceros. Por otro lado, vemos las ideas erróneas de lo que es el matrimonio, hoy se habla de “matrimonio gay” un termino que jamás será aprobado por nuestra Iglesia Católica. Partiendo de lo que se ha vivido, o con el entorno que nos ha rodeado se tiene un concepto de lo que es el matrimonio que es casi siempre erróneo o discrepa mucho de lo que es realmente.

Otro aspecto son las relaciones sexuales fuera del matrimonio, muchas parejas creen que deben casarse porque ya se ha estado en intimidad con el otro o porque ya llevan un largo tiempo conviviendo con esa persona, pero lo que no saben es que ese “amor” y genitalidad los llevan a una pobreza amorosa , y cuando la pasión desaparece y entra el hastío creen que el amor ha cesado (cuando en realidad nunca hubo) y es aquí donde llegan los divorcios que tanto vemos, y los que una vez creían que se amaban terminan hartos del otro. En cambio, quien en realidad ha comprendido lo que es el matrimonio sabrá que es la unión entre el hombre y la mujer, para llevar a cabo el plan de Dios que tiene para con sus hijos, donde existe amor eros y ágape, donde se comprende que es una entrega incondicional, total sobre el otro, donde hay reciprocidad, fidelidad y se comparte la felicidad que se posee, y no se busca hacer feliz a nadie. Dos felices hacen un matrimonio feliz.

Por otro lado, surgen los pensamientos egoístas como: “no hay tiempo o dinero para hijos”, o “traer hijos al mundo es para sufrir”, pues el mundo esta demasiado mal como para agregar otra persona y que solo sufra. Esto es demasiado egoísta, desconocemos el plan de Dios, y por eso vemos tantos matrimonios que dicen estar “felices” sin hijos y prefieren tener mascotas, que terminan siendo “los hijos”, porque así los llaman, pero lo que desconocen es que el matrimonio es igual a procrear, por eso Dios nos dice en la sagradas escrituras que seamos fecundos (Cfr. Gn 1, 28).

Es importante conocer cual es el plan de Dios para con nosotros, ser felices, pero ser felices implica hacer la voluntad de Dios y no la nuestra, por eso es necesario que el hombre y la mujer cambien la visión sobre el matrimonio, se formen y se preparen para este sacramento y se logre comprender que formar una familia es animarse a ser parte del sueño de Dios, “Ámense los unos a los otros…como yo los he amado” eso significa que no es de cualquier modo. Se debe reavivar la figura del hombre y de la mujer, recuperar la misión del ser humano en la Iglesia y en la sociedad. El matrimonio es un proyecto de vida que no inicia con la boda sino con el noviazgo, por eso es importante fijarse en las bases que cada uno aporta. Una pareja de esposos esta llamada a la castidad conyugal, castidad que se debió vivir desde el noviazgo, esta castidad matrimonial no es abstinencia en el ejercicio de la sexualidad sino la integración del amor en la entrega mutua por la que se hacen una sola carne. Castidad no es otra cosa que la pureza de la vivencia de la sexualidad como un don de Dios para la oblación y no como un entretenimiento placentero para ociosos.

El valor de este sacramento se logra comprender cuando le hemos dado cabida a Dios en nuestras vidas, el ideal de toda relación de pareja es el que nos presenta el Antiguo Testamento en el libro de Tobías: conducidos el uno hacia el otro por la providencia de Dios, Tobías y Sara se unen en un amor casto, santificado por la oración; evitando dejarse dominar por el demonio de la lujuria, integran su matrimonio en la vida religiosa y espiritual, compartiendo no solo el lecho y el afecto en común, sino su vida de relación con Dios manifestada en la oración. Ojalá muchos matrimonios establecidos comprendieran a profundidad estas palabras, vivieran retiros para casados donde se formen y vayan fortaleciendo desde los primeros años las bases del matrimonio pues muchos hemos llegado al sacramento sin tener la mínima idea de lo maravilloso y poderoso de este sacramento vivido bajo la gracia y voluntad de Dios.

Tras lo anterior, no se quiere dar entender que todos tienen o han tenido un concepto errado de matrimonio. La vista humana tiene un rango de 180º y al unirla con la mirada del cónyuge se logra la visión de un circulo, es decir de 360º, lo que ayuda a tener una perspectiva mucho mas amplia de todo, buscando la complementariedad, un mismo fin y un bienestar mutuo, pues el matrimonio es una peregrinación, no un paseo y antes de casarse debemos asegurarnos de hacerla no con quien nos divierta, sino con quien ore y luche contigo. Sí estas casado sigue amando, no te canses de amar y si aun estas soltero, sigue esperando y actuando bajo la voluntad de Dios, pues él que conoce nuestro corazón te dará el hombre o la mujer que necesitas para llevar a cabo su plan de amor, un matrimonio santo, para amar al otro en la exclusividad y para siempre.

Mario Amaya

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