EVANGELIO Y REFLEXIÓN DEL 14 DE DICIEMBRE DE 2018

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,16-19

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «¿A quién se parece esta generación? Se parece a los niños sentados en la plaza, que gritan a otros: “Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos cantado lamentaciones, y no habéis llorado.” Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: “Tiene un demonio.” Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores.” Pero los hechos dan razón a la sabiduría de Dios.»

Palabra del Señor.

Reflexión:

Quien preparaba el camino al Señor fue criticado, pero también el mismo Señor, quien se acercó a nosotros, quiso estar cerca de nosotros, compartir las actividades que hacíamos, compartir nuestros espacios, pero esto también fue criticado. 

No es fácil ser un buen cristiano, de alguna manera podemos ser criticados: por una lado podemos parecer extremistas por querer huir de todo aquello que me aleja de Dios, como Juan, pero por el otro lado, podemos parecer impostores y mentirosos por vivir la vida compartiendo nuestros espacios con los no creyentes, tal como lo hizo Jesús.

Ninguna de estas dos formas de proceder es equivocada, pues Juan quien era el último de los profetas, estaba preparando el camino a Dios, predicando y buscando generar conciencia de nuestra actuar equivocado, haciendo evidente que quien venía era el Santo de Dios, a quien se esperaba. Ahora bien, Jesús por su parte no se alejó del mundo, vivió muy de cerca con nosotros, siendo Dios se hizo hombre, y vivió de cerca con nosotros, compartió cada uno de nuestros espacios: fiestas, cenas, celebraciones. Su intención era que se conociera a Dios, que pudiéramos ver que Dios no era lejano sino cercano, que era amor, no el radical y temerario Dios que se le creía. Jesús vino a vivir con nosotros y hacernos vivir con Él. 

Entonces, ¿qué debemos hacer? ¿cuál es el camino a seguir?

Sólo debemos entender que cada uno de nosotros tiene un propósito. Pedro y Pablo, dos de los más grandes apóstoles de Jesús (uno, incluso, posterior a su venida), y dos diferentes formas de llevar el Evangelio. La forma en que vivamos nuestra vida y llevemos a Jesús, depende mucho de nuestro carácter, de quiénes somos, de los espacios en los que nos encontremos, y más aún, del propósito que Dios tenga para nosotros. 

Lo que debemos tener claro, aunque tengamos críticas, es que realmente estemos llevando a cabo el propósito de Dios en nuestra vida, que estemos haciendo su voluntad, que estemos viviendo como Jesús lo haría, que estemos llevando a cabo su plan. Pero, esto no es fácil discernirlo, para ello, debemos mantener nuestro corazón cerquita a nuestro Jesús, tal como María lo hizo, y como ella, permitir que crezca en nuestro interior, aprender a conocerlo y entender cuándo es que se va a llevar a cabo su propósito en nuestra vida. 

“Pero los hechos dan razón a la sabiduría de Dios”. Que nuestro comportamiento, nuestros frutos, sean el resultado de nuestra relación íntima con Dios, pues tanto como Juan y Jesús, con dos formas diferentes de llevar su vida, tenían un camino que encontraron gracias a su intimidad con Dios.

Que podamos encontrar el sendero de Dios, que centremos nuestra mirada en los ojos de Jesús y no nos desviemos por los afanes del mundo o las dificultades, sino que a imagen de Juan y nuestro Jesús, permanezcamos fieles a la voluntad de Dios. Que cuando no encontremos la respuesta, recurramos a la oración, al encuentro cercano con Dios para recibir la respuesta. 

Que Dios sea nuestro guía, nuestro camino y nuestra luz. 

Bendecido fin de semana.

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