EVANGELIO Y REFLEXIÓN DEL 26 DE OCTUBRE DE 2018

EVANGELIO Y REFLEXIÓN DEL 26 DE OCTUBRE DE 2018

Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,54-59):

En aquel tiempo, decía Jesús a la gente: «Cuando veis subir una nube por el poniente, decís en seguida: “Chaparrón tenemos”, y así sucede. Cuando sopla el sur, decís: “Va a hacer bochorno”, y lo hace. Hipócritas: si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que se debe hacer? Cuando te diriges al tribunal con el que te pone pleito, haz lo posible por llegar a un acuerdo con él, mientras vais de camino; no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al guardia, y el guardia te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no pagues el último céntimo.»

Palabra del Señor

Reflexión:

Hoy Jesús nos pide estar atentos, no solo a lo evidente que sucede a nuestro alrededor, sino de lo que puede estar implícito en ello y provoca aquellas cosas.

En ocasiones, los seres humanos deseamos cosas que no tenemos y nos olvidamos de las que poseemos. Pedimos milagros, cuando para otras personas es un milagro lo que vivimos. Debemos abrir nuestros ojos para poder ver lo que Dios nos ha dado, no sólo ver lo que todos ven, sino empezar a ver lo que Él quiere que veamos.

Como en muchas oportunidades, la fe es el detonante del milagro. Hay cosas que suceden porque tienen que suceder, pero hay otras que solo se efectúan por la fe.

Puede que en nuestra vida siempre haya existido Dios, pero tal vez no hayamos vivido a la manera de Dios y aún, como incluso algunos de los que compartieron con Jesús, no lo reconozcamos como el Todo Poderoso y nuestro Señor. Y ¿cómo saber si lo reconocemos? Cuando Él es el centro de mi vida, cuando tengo algún inconveniente y no me dejo llevar por la ansiedad y pongo toda mi confianza en Dios, cuando todas mis acciones y proyectos son puestos en manos de Dios, cuando todo lo que me sucede es ocasión para agradecer y ofrecerme a Dios, cuando mi forma de actuar pasa por el filtro del amor de Dios, cuando mi ver, escuchar y hablar corresponden a la verdad, la misericordia y el amor.

En Colombia existe una generalidad en el comportamiento de las personas y es el actuar bajo la impulsividad, agresividad y la prevención. El contexto en el que vivimos hace que nuestro comportamiento tenga tal mecanismo de defensa que genera cada vez más conflictos. Nosotros, debemos ser agentes de cambio, agentes de amor, debemos a imagen de Jesús ser diferentes y transformar el mundo de quien se cruce con nosotros.

Las personas leen el mundo en el que estamos a través de los ojos de la decepción, pero nosotros debemos leerlo desde la misericordia. Nos acostumbramos a ver el hambre en la calle, las agresiones, los letreros en los semáforos, las noticias sobre la falta de agua en alguna comunidad, las catástrofes en las poblaciones que han construido en terrenos no aptos, y estamos tan habituados a tales situaciones que ya no nos afecta. Es allí donde nosotros debemos ver lo que se encuentra implícito, es allí donde debemos preguntarnos ¿qué haría Jesús en mi lugar?

En ocasiones decimos: Yo no puedo cambiar el mundo. Pero si Jesús nos pidió que fuéramos Santos como Él, es porque somos capaces de hacer cambiar el mundo como Él SI lo hizo. Él nos dijo que haríamos mayores cosas a las que Él hizo, es entonces la ocasión de reflexionar y creer; de poner nuestra vida en manos de Dios y arriesgarnos a hacer MISIÓN. Que nuestra vida se vuelva una misión. Que cada segundo que transcurra sea ocasión para transparentar a Jesús.

Que cuando tengamos disgustos, no superen el amor y siguiendo el consejo de Jesús: “[…] Cuando te diriges al tribunal con el que te pone pleito, haz lo posible por llegar a un acuerdo con él, mientras vais de camino […]” busquemos disminuir nuestro orgullo, actuar por el amor y buscar reconciliarnos. No debemos permitir que nuestro enojo se acostumbre a habitar en nosotros, porque nos consume y no nos permite ver, nos limita, nos carcome y nos hace esclavos de la ira, el rencor, el odio, el orgullo. No debemos esperar más tiempo para dejar atrás los conflictos y empezar a perdonar. Nada de lo que nos hagan puede ser mayor al amor que habita en nosotros. No esperemos más tiempo para librarnos de aquella carga que tenemos y que incluso, ya no recordamos las razones que la originaron. Abrámonos a la misericordia y limpiemos el corazón de todo lo que no venga de Dios.

En la Palabra de Dios se menciona que “[…] Él pasó haciendo el bien y curando a todos los que habían caído en poder del demonio, porque Dios estaba con él” (Hech. 10, 38). Que a nosotros también nos recuerden por el bien que hemos hecho y por el amor que transmitíamos.

Hoy las preguntas son: ¿Estoy viendo a Jesús?, ¿estoy viviendo como Jesús?, ¿El mundo me está consumiendo o yo estoy permitiendo que Jesús haga su obra en mi vida y a través de mi?

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