San Antonio María Zaccaría

Nació en Cremona (Italia), en 1502, sus padres fueron Lázaro Zaccaria y Antonieta Pescaroli. Su padre murió cuando Antonio María tenía sólo meses de vida quedando al cuidado de su madre quien se avoca al cuidado de su hijo educándolo en el camino de la fe y la santidad. En 1517, parte de su hogar para realizar estudios superiores en filosofía y lenguas clásicas en Pavía. En 1520 estudia medicina, en la Universidad de Padua, y allí supo cuidarse muy bien para huir de las juergas universitarias y así conservar la santa virtud de la castidad. Desde joven renunció a los vestidos elegantes y costosos, y vistió siempre como la gente pobre, y el dinero que ahorraba con esto, lo repartía entre los más necesitados.

A los 22 años se graduó de médico y su gran deseo era dedicarse totalmente a atender a las gentes más pobres, la mayor parte de las veces gratuitamente, y aprovechar su profesión para ayudarles también a sus pacientes a salvar el alma y ganarse el cielo, sin embargo, la vida le ofrecerá otro camino, encaminado al sacerdocio. Después de la estricta preparación teológica y bíblica es ordenado sacerdote en 1528 a los 26 años, en la iglesia bizantina de San Vidal, donde realizaba sus actividades pastorales como laico. Decide posteriormente  trasladarse a Milán porque en esa gran ciudad tenía más posibilidades de extender su apostolado a muchas gentes, allí junto a la condesa de Guastalla, Ludovica Torelli, que ya reunía mujeres dirigidas por el joven sacerdote cremonés, funda en 1535 la congregación de las Hermanas Angélicas de San Pablo, mujeres que tenían por entonces una intensa actividad apostólica en las calles, casas y hospitales, una innovación renovadora inusual para la época pero que, sin embargo, el Concilio de Trento las llamará posteriormente a la clausura.

La luminosa intuición creadora y renovadora de Antonio María no iba quedarse sólo allí, en 1539 nace el movimiento de Laicos de San Pablo, que, trabajando en conjunto con las otras dos fundaciones, debían darle a la Iglesia el espíritu transformador que tanto necesitaba. Los comienzos de las nuevas fundaciones no fueron nada de fáciles pero el Santo Sacerdote y Médico les invitaba a resistir hasta la muerte. Las comunidades se enriquecían continuamente en más miembros y gracia divina. Una obra de Dios se había realizado, el santo fundador fue el instrumento de Aquél que renueva todas las cosas Siendo aún muy joven, sintió que de tanto trabajar por el apostolado, le faltaban las fuerzas. Se fue a casa de su santa madre, y en sus brazos murió el 5 de julio de 1539. Tenía apenas 37 años, pero había hecho labores apostólicas como si hubiera trabajado por tres docenas de años más. Fue canonizado en 1897 por el Papa León XIII.

DIOS te bendiga

Andrea Mendoza

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