Andrés Jacinto Longhin

Nació el 23 de noviembre en Fiumicello di Campodarsego, Padua (Italia), en el seno de una familia de campesinos pobres y muy religiosos. A los 16 años ingresó en el noviciado de los capuchinos, con el nombre de Andrés de Campodarsego. Después de realizar sus estudios humanísticos en Padua y los teológicos en Venecia, fue ordenado sacerdote a los 23 años, el 19 de junio de 1886.
Durante 18 años desempeñó los cargos de director espiritual y profesor de los religiosos jóvenes, mostrándose guía seguro y maestro sabio. En 1902 fue escogido ministro provincial de los capuchinos de Venecia, cuyo patriarca, Giuseppe Sarto – futuro san Pío X, lo comprometió en la predicación y en múltiples ministerios dentro de la diócesis. 
En 1904 fue elegido obispo de Treviso. Durante su gobierno realizó visitas pastorales, un sínodo diocesano, reformó el seminario diocesano, elevando la calidad de los estudios y cuidando con esmero la formación espiritual. Promovió los ejercicios espirituales de los sacerdotes y les trazó un programa de formación permanente. Cuando estalló la I Guerra Mundial, la ciudad fue bombardeada, pero el obispo permaneció en su puesto y quiso que sus sacerdotes también se estuviesen para atender a los fieles. Estimuló a la asistencia a los soldados, a los enfermos y a los pobres. En los años duros de la reconstrucción material y espiritual, realizó su segunda visita pastoral. En medio de graves tensiones sociales predicó la justicia y la paz. Efectuó su tercera visita pastoral desde 1926 a 1934 y el papa Pío XI le designó visitador apostólico, primero en Padua, luego en Údine, para reestablecer la paz a esas diócesis afectadas por el enfrentamiento del clero con el Obispo.
Su obra de reforma le gestionó muchos sufrimientos, tanto de parte del clero que no estaba dispuesto a seguirlo, como de cuantiosos laicos. Sufrió la oposición del fascismo que prefirió vengarse en los sacerdotes y en los laicos organizados produciéndole un dolor más profundo que si lo hubieran herido a él. De ningún modo cedió ni a la violencia ni a los halagos. Dios quiso purificarlo con una enfermedad que lo privó progresivamente de las facultades mentales y que sobrellevó con extraordinaria fe y abandono en la Providencia. Falleció en Padua con fama de santidad. Fue beatificado por san Juan Pablo II el 20 de octubre de 2002.

DIOS te bendiga.

Andrea Mendoza

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