EVANGELIO Y REFLEXIÓN DEL 8 DE JUNIO DE 2018

EVANGELIO Y REFLEXIÓN DEL 8 DE JUNIO DE 2018

Lectura del santo evangelio según san Juan 19, 31-37

En aquel tiempo, los judíos, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua.
El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que atravesaron.»

Palabra del Señor.

Reflexión:

Jesús siempre ha estado presente en las Escrituras. Con el evangelio de hoy podemos recordar, por lo menos, dos textos análogos. El primero es “El animal será sin defecto, macho, de un año. Lo escogeréis entre los corderos o los cabritos.” (Éxodo 12, 5) y el segundo “[…] «Toma a tu hijo, a tu único, al que amas, a Isaac, vete al país de Moria y ofrécele allí en holocausto en uno de los montes, el que yo te diga.»” (Génesis 22, 2). Podemos ver que se ofrece un sacrificio -un cordero- a Dios, el cual debe estar sin defecto. En el evangelio de hoy, Jesús es ese cordero que se ofrece como sacrificio, cordero sin defecto, por tal razón, no le rompen ni un hueso. Hoy Jesús, paralelo a Isaac, fue ofrecido como el cordero para el sacrificio, pero en esta ocasión, Dios permite el sacrificio.

Jesús, es hombre y Dios, y como hombre entregó hasta su última gota de sangre, por amor. Ningún ser humano es capaz de pasar todos los sufrimientos, angustias, soledades, burlas, si no es por un fin mayor y con una convicción real de lo que se hace. Jesús, como Dios, pudo haber evitado aquello, pudo haber pedido a sus ángeles que se lo llevaran, lo protegieran, pues es el Todo Poderoso, pero Él no se presenta como Dios en este momento, sino que desea mostrarse como un hombre que a pesar de sus angustias y miedos, puede enfrentarse a cualquier situación si está en comunión plena con el Padre. Jesús hoy nos permite ver, que siendo hombre como nosotros, entregó su vida, no para morir y ya, sino que en todo un proceso de calvario, entrega cada gota de sangre de su corazón evocando el amor que emana de Él para nosotros. Este Jesús hombre, sin uso de su divinidad, nos demuestra que sí es posible amar como Él ama, que si entregamos nuestro corazón a Dios, podemos lograr amar como Él nos enseña.

Jesús entregó su corazón pues cuando el ser humano muere ya no sangra y Jesús, aún después de muerto, cuando fue traspasado brotó de Él sangre y agua; esto tampoco es común, así que al leer científicamente por qué sucedió aquello, se puede encontrar que a Jesús se le rompió -literalmente- su corazón, por esta razón tuvo un derrame interno y al ser traspasado, la sangre fue mezclada con el líquido que rodea el corazón y por tal razón emana agua y sangre cuando lo traspasan. Toda su sangre fue entregada, nada se queda para Él, todo lo dio por amor, por nosotros.

Hoy, entreguemos también nuestro corazón a Aquel que dio todo por nosotros, por mi, por ti; Aquel que con opción de evadir ese sufrimiento, conscientemente asume ese calvario y entrega su vida, como muestra máxima de amor.

Que nuestro corazón sea cada vez más como el suyo y nuestro amor más puro. Dediquémonos a amar, pero a amar como Él nos amó, sin restricción, con entrega plena, a amar a todo aquel que me rodea, incluso al que me hace daño, pues ese es el verdadero sentido.

Que el corazón de Jesús, su rompimiento real, permita que cada uno de nosotros sea tocado y lleno de amor, para vivir una vida que lo trasparente a Él.

Dios los bendiga.

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