Beata Ana de San Bartolomé

Beata Ana de San Bartolomé se llamaba Ana García Manzanas nació en Almendral de la Cañada, el 1 de octubre de 1549. Hija de María Manzanas y Hernán García. Desde su infancia se dedicaba largos ratos a la penitencia y la oración y tuvo la gracia de ser acompañada frecuentemente por el Niño Jesús, que según ella crecía, se iba mostrando de su edad. A los nueve años perdió a su madre y, un año después, a su padre. A los 13 años la quieren casar, pero ella rechaza a los pretendientes y le suplicaba a Dios que la libre de matrimonio alguno si no es con Él mismo. Pronto sintió vocación religiosa, pero sus hermanos no apoyaron su decisión de ser carmelita y por ello sufrió grandes contradicciones que repercutieron sobre su salud, llegando a enfermarse delicadamente. En aquel momento sus hermanos ofrecieron una novena al apóstol San Bartolomé por su recuperación y el día de su fiesta, 24 de agosto de 1570; al ingresar en una ermita dedicada a su advocación cercana a su pueblo, se curó repentinamente. En gratitud al Apóstol que ella consideró siempre su gran intercesor le eligió para su nuevo nombre de carmelita descalza. Profesó en el convento de San José de Ávila el día 2 de noviembre de 1570 mientras Santa Teresa estaba fundando en Salamanca. Fue la primera hermana de velo blanco, freila o lega que Teresa de Jesús admitió en su primer Carmelo, cuna de su Reforma. Unos meses después tuvo lugar el primer encuentro entre ellas y, desde ese instante, se estableció una especial corriente de empatía que duró hasta el fin de sus vidas.

Fue una religiosa carmelita española, mística, compañera de Teresa de Jesús y difusora de la reforma de la Orden carmelita descalza por Francia y los Países Bajos. El 7 de junio de 1626 se le impartió los santos óleos, y luego de comulgar tuvo un éxtasis de unos quince minutos, para luego morir dulcemente, sin tensión ni dolor aparente. En 1625 el P. Matías de San Francisco, General de la Orden, quiso ver el estado de las reliquias, se abrió el sepulcro y el cuerpo estaba íntegro y oloroso. Se le cambió de caja. En 1634 se volvió a abrir la sepultura, por deseo de la reina de Francia, sanada milagrosamente en 1633 por la intercesión de Ana. Se comprobó por parte de los asistentes, el olor del cuerpo. En 1635 se concluyó el proceso ordinario, como de costumbre; recopilación y análisis de sus escritos, declaración de testigos, certificación de milagros y prodigios, evidencias de devoción popular, etc. En 1783 se abrió el sepulcro y se vio el cuerpo en buen estado. Se tocaron varios objetos, para reliquias. Pero el proceso se detuvo, hasta recibir un definitivo impulso entre los siglos XIX y XX. En 1917 los restos fueron exhumados y colocados en su celda, convertida en oratorio. Finalmente, Benedicto XV el 6 de mayo de 1917, y actualmente proceso para la definitiva su canonización duerme en el sueño de los papeles.

DIOS te bendiga.

Andrea Mendoza

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