Santa Juana de Arco

Nació en el año 1412 en Donremy, Francia, en el seno de una familia campesina acomodada, creció en el campo y nunca aprendió a leer ni a escribir, pero su madre que era muy piadosa le infundió una gran confianza en el Padre Celestial y una tierna devoción hacia la Virgen María cada mes se confesaba y comulgaba, su gran deseo era llegar a la santidad y no cometer nunca ningún pecado.

Años más tarde, se sintió llamada por DIOS a una tarea que no parecía al alcance de una campesina analfabeta: dirigir el ejército francés, coronar como rey al delfin en Reims y expulsar a los ingleses del país. Por temor no contó a nadie nada al principio, pero posteriormente las voces fueron insistiéndole fuertemente en que ella, pobre campesina e ignorante, estaba destinada para salvar la nación y al rey y en aquel momento contó a sus familiares y vecinos. Las primeras veces las gentes no le creyeron, pero luego ante la insistencia de las voces y los ruegos de la campesina, un tío suyo la llevó donde el comandante del ejército de la ciudad vecina. Ella le conto que Dios la enviaba para llevar un recado al rey. Pero el militar no le creyó y la envió otra vez para su casa.

Sin embargo, meses después Juana regresó ante el comandante y este ante la noticia de una derrota que la campesina le había profetizado la remitió con un escolta a que fuera a ver al rey. Llegando a la ciudad solicitó poder hablar con rey. Este para engañarla se encubrió de aldeano y ubicó en su puesto a otro. La campesina llegó al gran salón y en vez de dirigirse hacia donde estaba el reemplazo del rey, ordenada por las “voces” que la dirigían se fue solamente a donde estaba el rey disfrazado y le contó secretos que el rey no se imaginaba. Esto hizo que el rey cambiara completamente de opinión acerca de la joven campesina.

Durante un año, Juana vive con los soldados, llevando a cabo entre ellos una autentica misión de evangelización. A causa de envidias y ambiciones, fue desamparada por los franceses, calumniada de brujería y conjuros para conseguir sus conocidas victorias en Francia sin embargo la sentenciaron a la más terrible de las muertes de ese entonces, ser quemada viva.

Prendieron una gran fogata y la ataron a una estaca y la quemaron espaciosamente. Murió orando y su mayor consuelo era mirar el crucifijo que un religioso le mostraba y encomendarse a Nuestro Señor. Era el 30 de mayo del año 1431. Tenía apenas 19 años. 23 años después su madre y sus hermanos solicitaron que se reabriera otra vez aquel juicio que se había hecho contra ella. Y el Papa Calixto III nombró una comisión de juristas, los cuales expresaron que la sentencia de Juana fue una injusticia. El rey de Francia la enunció inocente y el Papa Benedicto XV la proclamó santa.

DIOS te bendiga.

Andrea Mendoza

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