EVANGELIO Y REFLEXIÓN DEL 25 DE MAYO DE 2018

Lectura del santo evangelio según san Marcos 10,1-12

En aquel tiempo, Jesús se marchó a Judea y a Transjordania; otra vez se le fue reuniendo gente por el camino, y según costumbre les enseñaba.
Se acercaron unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: «¿Le es licito a un hombre divorciarse de su mujer?»
Él les replicó: «¿Qué os ha mandado Moisés?»
Contestaron: «Moisés permitió divorciarse, dándole a la mujer un acta de repudio.»
Jesús les dijo: «Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto. Al principio de la creación Dios “los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne.” De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.»
En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo.
Él les dijo: «Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio.»

Palabra del Señor.

Reflexión:

Jesús fue la muestra más grande del amor de Dios hacia los hombres, de su alianza con los hombres, la cual es inmensurable, ilimitada, infinita, eterna. Cuando Jesús estaba en la cruz y se burlaban de Él, lo que Él le suplicaba al Padre era: “perdónalos porque no saben lo que hacen”. Como siempre Jesús privilegia al amor y no solo en palabras, sino que sus hechos fueron al extremo como muestra de ese amor.

Jesús tuvo una entrega total, pues si recordamos apartes de la Palabra de Dios, podemos encontrarnos con un Jesús que en momentos estaba cansado y deseaba apartarse de la gente para descansar, pero al ver la sed de amor de las personas, se negaba a sí mismo y se entregaba a los demás, por encima de sus propias necesidades.

También lo vemos poco antes de que vinieran por Él para crucificarlo, orando, con muestras de un Jesús muy humano en el que se podía ver su tristeza, miedo (porque sabía lo que iba a pasar), PERO también podemos ver a un Jesús que entrega todo aquello a su Padre y le dice: “si quieres aparta de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad sino la tuya”. Él tenía claro que, aunque era Dios era también humano y que su relación con su Padre debía ser cercana y mucho más, cuando se iba a enfrentar a momentos en donde como ser humano puede flaquear.

Jesús entregó hasta su última gota de sangre por amor, por el amor que el Padre tenía hacia nosotros los seres humanos y que su hijo también compartía. El Padre tuvo que entregar al hijo para que nosotros pudiéramos salvarnos a pesar de que nosotros no respondíamos recíprocamente a ese amor.

El amor de Dios no se limita a mi amor, porque sencillamente Él solo sabe amar y por ello, cuando le preguntan los Fariseos por el divorcio, Jesús vuelve al principio de la creación, cuando Dios creó al hombre y a la mujer y los hizo una sola carne en el matrimonio. Volvió al principio de esa unión: el amor que Dios quería compartir con los hombres; el amor que Él tiene hacia nosotros y que permite que nosotros también lo vivamos.

A razón del amor es que Jesús responde a los que preguntan y no es que Dios desee que vivamos infelices, pero lo que Él busca es que convivamos con Él y no permitamos que nos alejemos tanto del amor, que un día ya no veamos a quien fue todo para nosotros como la persona menos agradable y deseable que tengamos. Si el amor habita en nosotros, como dice en la Palabra: el amor no pasará (1. Cor. 13, 8).

Dios sabe amar y nos dio de su amor para saber amar al otro también, y permite que amemos a través de este sacramento del matrimonio, pero para poder enfrentar situaciones adversas, la rutina, el cansancio, debemos hacer como Jesús: unirnos más al Padre para poder afrontarlas. Si nuestro corazón se aleja de Dios, si la unión que se hizo ante Dios solo fue por el momento de la ceremonia, la fuerza del amor se va a apagar. Solo Dios puede mantener una relación, porque Él es el que lucha, porque Él, como con Moisés, es el que permite que cuando clamemos a Él con los brazos levantados, luchará y vencerá.

No nos separemos del amor de Dios para que mantenga nuestro corazón como el de Él y nos mantenga unidos a su amor, para ser cada vez más como Él.

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