APRENDIENDO DEL MAESTRO DE LOS MAESTROS

APRENDIENDO DEL MAESTRO DE LOS MAESTROS

Ser Maestro, una verdadera vocación en Dios

Nunca imaginé que ser Maestro era una vocación. Cuando inicié mi carrera profesional siempre dudé si realmente quería ser profesora, porque realmente el término que manejaba era ese, Docente o Profesora, y únicamente me veía como alguien que compartiría el conocimiento que obtendría y nada más.

A pesar que desde muy pequeña jugaba con mis muñecas a que yo era “la profe” y que tenía mi propio salón de clase, a medida que fui creciendo no me mostraba muy conforme con esta idea.

Colombia es un país que no valora mucho esta profesión, razón por la que pensaba que la remuneración no sería buena y que realmente el trabajo que realizaría no sería totalmente agradecido y así un sinfín de cuestionamientos.

Finalmente, obtuve mi título como Licenciada de Idiomas y me preguntaba si laborar como Docente sería poca cosa comparado con otras profesiones que eran de alto renombre; sin embargo, poco a poco fui notando que ser maestra era la profesión que impulsaría a mis estudiantes a ser los grandes abogados, ingenieros, políticos, doctores, entre otras profesiones.

Cuando comencé a laborar aún seguían mis dudas sobre si realmente era esto lo que quería para mi vida. Inicié en un colegio de niñas de alto estatus y pese a la buena experiencia que obtuve en este lugar, sentía que algo me hacía falta, no sé si era por el hecho que al entrar al aula de clases solo me dedicaba a impartir contenido a través de mis conocimientos, sin centrarme en algo más.

En aquel momento en que percibía ese vacío, le decía a Dios que me gustaría servirle en algo más o en otro lugar, y así fue. Al año siguiente, me envió a un colegio de bajos recursos; niños con realidades difíciles. Una vez llegué allí, olvidé que era eso lo que le había pedido a Dios. Pero, el Señor seguía insistiendo que le sirviera por medio de mi profesión, tanto así, que además de la asignatura de mi especialidad, debía dar algunas clases de religión a las que no me negué.

Sin embargo, esta labor no evidenciaba que era esto lo que me había entregado el Señor para que diera a conocer su amor en medio de esas realidades. Tan fácil fue para mí conseguir unos libros con los que iniciaría cada clase de religión, pero el Señor empezó a instruirme acerca de qué era realmente educar, la responsabilidad que estaba en mis manos y de la cual yo no era consciente.

Recuerdo un día que tuve un sueño, un sueño que jamás imaginé me marcaría como Maestra de por vida. Soñé que estaba trabajando como habitualmente lo hacía y Dios me había mandado a llamar a un salón de clase, cuando llegué no podía ver, solo había una luz resplandeciente y una voz que me decía: “Yuly, ¿Tú le estás hablando a los niños de mí?” Ante esta pregunta, yo atrevidamente le contesté: “Sí Señor, tengo las religiones del colegio” y me replicó: “Tú no le estás hablando a los niños de mí”.

Cuando desperté, me sentí tan conmovida con este sueño, que lo interpreté como un llamado de atención de Dios, ¿Qué estaba haciendo yo, con esta profesión que Él mismo me había puesto como misión? Me había dejado llevar por la rutina de un trabajo nada más y no había descubierto que el Señor me quería trasformar en una Maestra que siguiera su ejemplo y que llevara su enseñanza a través de su mensaje de amor a esos pequeños. Sembrar en ellos esta enseñanza, para que un día diera fruto en el tiempo de Dios.

A partir de ese instante, mi vida como Maestra cambió; comprendí que este no era solo un trabajo sino una vocación a la cual el Señor me había llamado. Justo en ese momento, no dudé ni un segundo que debía aprender mucho más de Él, quien es el verdadero Maestro, y que teniendo yo, la misma profesión de Jesús, es un gran reto aprender sobre su pedagogía y su didáctica.

Jesús, es por excelencia el Maestro que nos enseña cómo enseñar, por esta razón; los invito a todos ustedes, Maestros, a dejarse guiar por quien hace de tu profesión una verdadera vocación, un verdadero sentido de vida. Es en tus manos donde ahora está el futuro de muchos pequeños y jóvenes que necesitan escuchar y conocer a través de tí, sobre el amor de Jesús.

En tus manos está que los futuros doctores, abogados, arquitectos y psicólogos, también lleven y apliquen el mensaje de Jesús a su área laboral y así hallar la esperanza en el mundo venidero.

¡Feliz día del Maestro!

Yuly Soler

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