EVANGELIO Y REFLEXIÓN DEL 11 DE MAYO DE 2018

Lectura del santo evangelio según san Juan 16,20-23a

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Os aseguro que lloraréis y os lamentaréis vosotros, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría. La mujer, cuando va a dar a luz, siente tristeza, porque ha llegado su hora; pero, en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre. También vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría. Ese día no me preguntaréis nada.»

Palabra del Señor.

Reflexión:

“También vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón”

Los apóstoles estaban disfrutando de la compañía de Jesús, pero… Nuevamente se iba. Sentían que quedaban solos, desamparados, perdían a alguien a quien amaban con todas sus fuerzas. Es comprensible la tristeza que sentían. No es nada fácil aceptar alejarse o dejar ir a quien nos da tanta felicidad, tanto gozo.

Jesús comprende nuestra humanidad y les da esperanza en medio de su tristeza: les menciona que volverá.

Los seres humanos hemos pasado por momentos buenos a los que relacionamos con la alegría, compañía, seguridad, esperanza. Pero también hay momentos que llamamos malos porque nos sentimos desanimados, melancólicos, sin esperanzas y tristes. Pero muchas veces esos sentimientos son momentáneos, en algunos casos no deseamos que sea así, pero en el caso de la tristeza, anhelamos su fin.

Jesus aunque reconoce que también nos sentimos desanimados, nos regala la estrategia para mantenernos siempre gozosos -o felices, pero creo que esta palabra se queda corta; es limitada para lo que Él nos brinda, lo cual es mucho más profundo, intenso y perdurable- y es: LA ESPERANZA.

Cuando una persona pasa por una situación complicada, se puede sentir triste y desanimada, sin ganas de continuar, sin fuerzas para hacerlo, pero cuando se encuentra con Jesús, recupera cualquier fuerza y tiene la ESPERANZA de luchar y continuar, pues sabe que al estar en su compañía no puede quedar avergonzado, no puede permanecer en tristeza, pues si somos semejantes a Dios, en nosotros no puede haber desilusión, desesperanza, ni miedo, pues como Dice Pablo a Timoteo: Dios no nos ha dado un espíritu de miedo sino de fortaleza […] 2 Tim. 1, 7.

Cuando estamos con Jesús no se vive igual que el mundo, como lo menciona la Palabra de hoy, todos viven momentos de alegría mientras nosotros estamos pasando sentimientos contrarios; esto sucede porque Jesús hace que vivamos una vida diferente, una vida que no está exenta de problemas o dificultades, claro que no, sino que está empapada de esperanza y situaciones que permitirán contemplar la gloria de Dios. Y es que, si no existieran las dificultades, jamás podría apreciarse la grandeza de nuestro Dios.

Jesús siempre será nuestra esperanza, siempre será nuestro único escudo, en quien ponemos nuestra confianza, en quien está nuestra fe, y si dejamos de esperar, dejaremos de creer, dejaremos de vivir.

Qué bueno es sentirnos soportados por su amor, viviendo en su compañía, sabiéndonos cuidados y protegidos por su amor. ¿Qué más podemos pedir? Ya todo lo tenemos junto a Él, nada está fuera de su alcance y entendemos que todo lo que sucede es para bien.

Que no nos falte la FE, que no nos falte el AMOR y que no perdamos jamás la ESPERANZA, porque perderíamos la vida con ella.

Vivamos GOZOSOS en nuestro hermoso Cristo Jesús! y estemos seguros de las palabras que Pablo en la carta a los Romanos 8, 28: Sabemos, además, que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman […] 

Todo, todo lo que sucede, absolutamente todo lo que nos pasa, es para nuestro bien y para gloria de Dios. No nos separemos de pecho, mantengamos firme nuestra fe y creamos que estamos con quien debemos estar. Nada está fuera de su control, porque, ¿Quién como Dios? NADIE COMO DIOS.

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