¡Qué hermoso mensaje! pero, ¿Y el testimonio?

¡Qué hermoso mensaje! pero, ¿Y el testimonio?

Hemos escuchado tantas predicas ungidas que nos llenan el corazón y nos motiva a vivir una vida transformadora. Recuerdo a muchos predicadores tanto sacerdotes como laicos que marcaron mi vida y me han impulsado para adentrarme en la evangelización.
Este articulo, está dirigido a quienes son predicados como también a quienes predican o están al servicio de la predicación. Pues bien, empecemos a darnos con la vara.

Para dar inicio, se hace necesario hablar de quienes imparten el mensaje: los predicadores. San Francisco de Asís nos ha enseñado que las palabras son de uso secundario en la predicación y que es mejor dar el ejemplo antes que decir lindas palabras de motivación y esperanza.
Gran parte de los predicadores y por experiencia propia, hemos caído en la actitud de creernos los mejores, los inmaculados que están a un escalón del cielo, pero nuestra realidad es muy distinta a nuestras palabras.
En una lucha contra el egocentrismo y la soberbia, todo predicador debe buscar la humildad, no solo en la manera de vivir su día a día (modo de vestir, comer, entre otros), sino también la forma en que imparte el
mensaje y se relaciona con los demás.
Muchas de las personas quienes nos escuchan y admiran el Don que Dios nos regaló, tienen muy en cuenta las palabras, los gestos y actitudes que demostramos fuera del plató de la predicación, pero sin darnos cuenta estamos descuidando el mejor mensaje: el testimonio.
Hoy día, ya no se guía y se convence solo con palabras, sino también con hechos, y en muchas ocasiones una sola palabra, gesto o compartimiento en cuestión de solo segundos puede destruir toda una hermosa predica de 45 minutos. Por esta razón, cito lo siguiente; “Predica lo que vives y vive lo que predicas”. (Mt 5, 13)
Ahora, no vamos a adentrarnos mucho en cuestionar a quienes escuchan nuestra predica, tal vez ellos solo siguen el reflejo de lo que nosotros hacemos, pero cabe destacar que muchos de nuestros hermanos llevan años de participar en jornadas, encuentros, retiros y congresos, pero solo se han quedado con “qué bonito el mensaje” o “qué ungidas las palabras del predicador” o también “me he sanado con lo que el hermano dijo”.
En nuestras comunidades hemos escuchado decir algunas de estas anteriores frases y seguro también esta: “Todo lo que dijo el hermano era para fulano y justo él no vino”. (Mt 7, 3)
Por lo tanto señalo que, caemos muy fácilmente en la trampa de nuestro mal discernimiento al pensar que los mensajes son para otras personas y no nos damos cuenta que en cada predicación Dios nos habla en forma general, pero también de manera muy particular.
Entonces, nos quedamos con lo bonito y lo malo, lo lanzamos al otro: “Yo siempre hago bien las cosas, los otros compartimentos son del hermano que no vino”. Y es así como seguimos haciendo lo mismo, nos parece muy lindo el encuentro pero todo queda guardado en los apuntes y anotaciones o en las grabaciones, nada más.
Hermanos, ¡Todos estamos llamados a llevar a la práctica el mensaje! Tanto lo que hemos dicho como también lo que hemos oído.
Ahora mismo, el mundo necesita más cristianos que prediquen con el testimonio, antes que con la Biblia bajo el brazo (Jn 13, 35). Tu vida tal vez sea el último evangelio que están leyendo los demás, por esa razón; vive de tal manera que muchos quieran conocer a Jesús.
Christian Pereira
RCC Paraguay

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