CUÁNDO DIOS LLAMA

Qué me iba a imaginar que JESÚS en el CONALJO (Congreso Nacional de Jóvenes), me hubiese hecho el llamado en el último día y en la exposición al santísimo a seguirle y a entregarme al misterio sacerdotal. De todas las experiencias que he tenido durante los CONALJO en los que he participado, este último que se realizó en la ciudad de Bogotá en el 2016, fue sin duda la mejor de todas.

Como lo comenté en el principio de este artículo, fue ahí donde Jesús me habló directo al corazón y me llamó a seguirle durante la exposición al santísimo. Quizá antes me había llamado, pero por los afanes de este mundo no escuché su voz o me quise hacer el de los oídos sordos, pero esta vez fue imposible no escucharlo. En ese momento en que tenía mi mirada puesta en Él, escuché que me llamaba por mi nombre y me decía: ¿Víctor quieres ser feliz? La primera vez le dije: Claro señor, quiero ser feliz, seguidamente me dijo: Te estoy esperando. En ese instante, fue imposible no saber que me hacía el llamado a configurarme con Él por medio del sacerdocio, fue como si fuese venido a mi mente una palabra de conocimiento, no hay otra palabra para explicarlo.

En ese primer momento, le respondí: No señor, no te voy a seguir, me quiero quedar como estoy, un joven comprometido con tu evangelio, pero ¿Irme al seminario? Eso no. Por segunda vez, volví a escuchar su voz que decía nuevamente: ¿Víctor quieres ser feliz? Le  volví a responder: Sí quiero ser feliz. Él respondió: Te estoy esperando. En aquel momento rompí en llanto, no podía entender por qué el Señor me llamaba a seguirle. En mi interior me preguntaba a mí mismo ¿Por qué ahora Señor?, si ya en lo profesional estoy laborando, además estoy realizando otros estudios para dedicarme a la docencia en el área de religión, porque como segundo estudio, estoy adquiriendo conocimientos de Teología y justo en ese año empezaba a cursar 3er. semestre de esa carrera.

En lo sentimental, estaba intentando tener una relación ya estable, pero una vez más le dije:  No señor, sé que puedo tomar el camino que me ofreces en este momento o seguir por el camino en el que estoy y de igual forma tú me seguirás amando. Finalmente, ya por tercera vez, volvió hablarme y respondí con un fuerte ¡No! En ese momento tenía claro que, aunque quería ser feliz y tal vez el camino a mi felicidad verdadera era ese que Jesús me estaba mostrando, yo quería seguir como venía.

En relación a esto, siempre comparo este momento con el pasaje bíblico de Juan 21, 15- 17, en donde Jesús le pregunta a Pedro si lo ama y, este las dos primeras veces le responde te quiero, y ya Jesús por tercera vezsi lo quiere, porque sé que desde  en lugar de preguntar nuevamente si Pedro lo amo, le pregunta si lo quiere, porque con ese poco amor, el discípulo puede seguirle hasta el final.

En la eucaristía de cierre del CONALJO, el Padre Robín Rangel asesor de la RCC de Colombia, presidió la Eucaristía y para mi sorpresa, la homilía la enfocó al llamado sacerdotal y religioso. En ese instante, quería no estar escuchando lo que el padre estaba diciendo y aún más cuando extendió la invitación a los jóvenes que ya eran profesionales. El Presbítero, añadió que somos también nosotros llamados a ser sacerdotes o religiosos, colocando como ejemplo, a algunos sacerdotes que estaban en el altar y que habían terminado sus carreras y seguidamente, ingresado al seminario, justo allí, comencé a reflexionar y a pensar que tal vez me debería dar la oportunidad de hacer la experiencia, y pues así fue.

Durante todo el año del 2016 me dediqué a hacer el proceso para poder ingresar al seminario y como carismático que soy, quería ingresar a los SIERVOS DEL ESPIRITU SANTO, era el carisma con el cual yo me identificaba. Atravesé por muchas dificultades, pero gracias a Dios, a mi familia y al padre Rodolfo pude finalmente tomar la decisión de asistir al retiro de discernimiento en el mes de noviembre.

Al finalizar este retiro de 3 días, quedé aún más convencido que iba a tomar la mejor decisión, la vida sacerdotal. A finales de noviembre, me dieron la respuesta que había sido admitido para vivir esta gran experiencia, en ese momento todo mi ser se llenó de gozo, el Señor durante todo ese año me había preparado y ya estaba dispuesto a dejarlo todo, mi familia, mi trabajo y mi estudio.

En el mes de febrero de 2017, ingresé al seminario para empezar con mi formación y estudio como seminarista. Este primer año de formación se empieza con propedéutico, el cual es como el año introductorio. Respecto a esto, debo decir que fue un año lleno de muchas experiencias positivas, al principio no fue fácil, primero el hecho de enfrentarte a estar lejos de la familia, amigos y conocidos, además; saber que ya económicamente no dependía de mí sino te las personas que de buen corazón me colaboraban, y fuera de esto, el saber que dentro del seminario el día de salida para nosotros eran solo los domingos desde las 10:00 a.m hasta las 6:00 p.m, los demás días de la semana es dedicarse a la oración, estudio, vida comunitaria y al aseo del seminario.

Esta experiencia fue muy agradable, porque pese a lo que dejé a un lado, Dios me había regalado una familia más; mis hermanos de comunidad. En ese año introductorio, conmigo entraron 17 personas que pertenecíamos a los Siervos del Espíritu Santo, todos éramos de diferentes lugares de Colombia y otros países como de Honduras y Estados Unidos. Sumado a las 25 personas que se presentaron de la diócesis de Rionegro.

Compartir con tantas personas fue una gran bendición, a pesar de las diferencias que se daban en la convivencia, puesto que no era fácil adaptarse a las costumbres que cada uno traía, pero Dios hizo su obra en cada uno de nosotros y nos ayudó a unirnos y amarnos como hermanos, sin importar la diversidad cultural y las discrepancias que estas pudieran ocasionar.

Dentro del seminario se acostumbra a que cada seminarista debe tener un espacio para la oración personal, pues bien, el espacio que yo había designado para mi oración constaba de 1 hora, justo antes de la oración comunitaria de las 6:00 a.m, para así cumplir con mi propósito, sin importar el esmero de levantarme a las 4:00 a.m, que aunque me costó al principio, con Dios fue posible, y esos espacios de oración fueron de gran ayuda y de mucho aprendizaje, porque gracias a este espacio de oración, aprendí a realizar una oración meditada, a fortalecer la meditación de la palabra de Dios, en donde Dios se hizo presente dando fortaleza para seguir adelante. También, hubo momentos no solo para estudiar sino para compartir con los demás seminaristas, no solo de propedéutico sino también con los de filosofía a través del deporte, la jardinería y de los momentos en comunidad.

Al final del mes de noviembre de 2017, me dieron la noticia que debía tomarme un año sabático (discernimiento), en ese momento sentía un dolor profundo al pensar que todo este año había sido perdido y pensé que al no seguir con el proceso, retomaría la profesión y mis estudios de Teología, pero después de meditar y orar pude saber que si me habían pedido ese año sabático era para mí crecimiento personal y espiritual.

Actualmente, me dedico al servicio de Liturgia y formación en la renovación de Cali y al mismo tiempo doy formación a los jóvenes de la parroquia de mi barrio y ayudo con infancia misionera que se realiza en los diferentes parques del sector en donde está ubicada la parroquia. Deseando costantemente con el favor de Dios volver al seminario, pero esta vez más maduro y con mayor discernimiento, para configurarme con Cristo por medio del ministerio sacerdotal, recordando que todo se debe colocar en manos de Dios y por muy arduo que pueda ser el camino, escuchando la voz de Dios y siendo obediente se puede siempre cumplir con su voluntad.

Dios te bendiga

Victor Rosero

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