EVANGELIO Y REFLEXIÓN DEL 20 DE ABRIL DE 2018

                                 Lectura del santo evangelio según san Juan 6,52-59

En aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí:
«¿Cómo puede este darnos a comer su carne?».
Entonces Jesús les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.
Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».
Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.

Palabra del Señor

Reflexión:

San Juan nos menciona en el primer capítulo de su evangelio en el versículo 14 lo siguiente: Y la Palabra se hizo carne […] refiriéndose a Jesús que se hizo hombre, ese mismo hombre que hoy en el evangelio nos dice […]El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.

Dios se hizo hombre por amor – Y la Palabra se hizo carne –, se hizo hombre para acercarse a nosotros, para estar con nosotros y por amor también se dio por nosotros, pero más aún, no quiso dejarnos solos y continúa a través del tiempo viviendo con nosotros.

Él no deja de entregarse por nosotros, no deja de manifestarnos su amor, no deja de unirnos a Él y de seguir haciendo su obra a través de su entrega, que cada día nosotros la presenciamos en la Misa, en la cual la Palabra se hace carne y se nos entrega.

Parafraseando la canción titulada Milagro de amor, se descubre tan infinito amor que Dios nos tiene: Milagro de amor tan infinito, en que tú mi Dios te has hecho tan pequeño y tan humilde para entrar en mí. Él nos ama sin límites, por tal razón nos busca y sigue compartiendo con nosotros, permitiendo que seamos su sagrario y que podamos llevarlo en nuestro interior.

Jesús, la Palabra viva, la Palabra que se hizo carne y ahora la carne que se hace alimento para nosotros, quiere vivir en nosotros, habitar en nuestro interior, llegar a transformarnos desde adentro para así poder seguir con su misión: amar hasta la entrega total.

El que come mi carne vivirá por mí […] Ya no viviremos por nosotros mismos, sino como diría Pablo en Gálatas 2, 20: Y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mi […] Pues su amor infinito nos inunda y nos transforma. Nosotros cambiamos por acción del Espíritu Santo, por la acción de la Palabra de Dios, por alimentarnos de su carne VIVA, carne que nos mantiene vivos y nos fortalece.

Al acercarnos a comulgar, al permitir que Jesús ingrese a lo más profundo de nuestro ser, le estamos dando la potestad para transformarnos -tal cual Él hace con ese pan, pan que antes de que el Sacerdote tras la acción de Dios en Él lo convirtiera en carne real de Cristo- y empezar a vivir como Él nos enseñó: bajo la ley del amor.

Que podamos ser sus sagrarios vivos, que Dios desde nuestro interior nos siga dando las palabras, fuerzas y acciones para seguir con la misión que Él nos encargó: ir por el mundo llevando su Palabra, esa Palabra que no se limita a ser leída o repetida, sino aquella Palabra que es acción porque está viva y sigue viva en cada uno de nosotros.

Dios te bendiga

Jennyfer Barrera

 

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