A VINOS NUEVOS, ODRES NUEVOS

La alegría de Jesús resucitado debe convocar a todo corazón cristiano a dejar las cosas de antaño y recibir la frescura del amor del Espíritu Santo. Debe marcar un nuevo comienzo en el caminar espiritual, un resucitar con Cristo. Ahora bien, ¿Cómo pretender un nuevo cambio, si practicamos lo viejo? ¿Cómo leer una nueva historia, sino le pongo punto final al pasado? ¿Como llenarse de algo nuevo, si guardo lo antiguo? ¿Cómo hacer apertura, si me quedo en pensamientos fijos?

«Ni nadie echa vino nuevo en odres viejos, de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y se derrama el vino y los odres se pierden, más el vino nuevo, en odres nuevos se ha de hechar» Mc 2,22.

¿Y tú que odres eres? Aún después de que Jesús ha resucitado: ¿tú sigues habitando el sepulcro? O quizás, ¿Sigues buscando en el pasado ?

No vendrá nada distinto, si seguimos almacenando el vino nuevo de Jesús, en corazones rotos, viejos, inflexibles, oxidados y endurecidos, es neceserio dar un paso a la vida, para que el vino que Jesús quiere darte, no se derrame, sino que se expanda, se conserve y sea exquisito.

Sin embargo, queremos el vino de Cristo, pero seguir almacenando en odres viejos.

Queremos que nuestras circunstancias cambien, pero no a nosotros. Queremos una experiencia de fe madura, pero no nos nutrimos de la oración. Queremos recibir, pero no queremos entregar.Queremos el aplauso, pero no queremos esforzarnos. Queremos estar en el paraíso, pero vivimos en el pecado, queremos resucitar con Cristo, pero no el camino de la cruz.

«Yo les daré un solo corazón y pondré en ellos un espíritu nuevo: quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne» Ez 11,19.

El Señor tiene preparado para ti un vino nuevo siempre, pero, ¿tú tienes un odre nuevo?

Dios te bendiga

Lizeth Paucar

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